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Pablo
Neruda
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Oda
al Libro I
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Libro, cuando te cierro abro la
vida. Escucho entrecortados gritos en los
puertos. Los lingotes del cobre cruzan los
arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche.
Entre la islas nuestro océano palpita
con sus peces. Toca los pies, los muslos, Las costillas
calcáreas de mi patria.
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Toda
la noche pega en sus orillas y con la luz de día amanece
cantando como si despertara una guitarra. A mí me
llama el golpe del océano. A mí me llama el
viento, y Rodríguez me llama, José
Antonio, recibí un telegrama del sindicato "Mina" y
ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me
espera en Bucalemu. Libro, tú no has
podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de
impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis
ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca
familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a
comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los
libros exploradores, libros con bosque o
nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro
araña en donde el pensamiento fue disponiendo
alambre venenoso para que allí se enrede la juvenil
y circundante mosca. Libro, déjame libre. Yo no
quiero ir vestido de volumen, yo no vengo de un tomo, mis
poemas no han comido poemas, devoran apasionados
acontecimientos, se nutren de intemperie, extraen
alimento de la tierra y los hombres. Libro, déjame
andar por los caminos con polvo en los zapatos y sin
mitología: vuelve a tu biblioteca, yo me voy por
las calles. He aprendido la vida de la vida, el amor lo
aprendí de un solo beso, y no pude enseñar a
nadie nada sino lo que he vivido, cuanto tuve en común
con otros hombres, cuanto luché con ellos: cuanto
expresé de todos en mi canto.
Oda
al Libro II
Libro hermoso, libro, mínimo
bosque, hoja tras hoja, huele tu papel a
elemento, eres matutino y nocturno, cereal, oceánico, en
tus antiguas páginas cazadores de osos, fogatas cerca
del Mississipi, canoas en las islas, más
tarde caminos y
aminos, revelaciones, pueblos insurgentes, Rimbaud
como un herido pez sangriento palpitando en el lodo, y
la hermosura de la fraternidad, piedra por piedra sube
el castillo humano, dolores que entretejen la
firmeza, acciones solidarias, libro oculto de
bolsillo en bolsillo, lámpara clandestina, estrella
roja.
Nosotros los poetas caminantes exploramos el
mundo, en cada puerta nos recibió la
vida, participamos en la lucha terrestre. ¿Cuál
fue nuestra victoria? Un libro, un libro lleno de
contactos humanos, de camisas, un libro sin soledad,
con hombres y herramientas, un libro es la
victoria. Vive y cae como todos los frutos, no sólo
tiene luz, no sólo tiene sombra, se apaga, se
deshoja, se pierde entre las calles, se desploma en la
tierra. Libro de poesía de mañana, otra
vez vuelve a tener nieve o musgo en tus páginas para
que las pisadas o los ojos vayan grabando huellas: de
nuevo descríbenos el mundo, los manantiales entre
la espesura, las altas arboledas, los planetas polares, y
el hombre en los caminos, en los nuevos
caminos, avanzando en la selva, en el agua, en el
cielo, en la desnuda soledad marina, el
hombre descubriendo los últimos secretos, el
hombre regresando con un libro, el cazador de
vuelta con un libro, el campesino arando con un
libro.
http://www.artesdellibro.com/2008/04/oda-al-libro-i-y-ii-pablo-neru.php
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