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Juicios críticos sobre su obra

De Raúl Aráoz Anzoátegui: "La obra del Cuchi se caracteriza por su originalidad (...) Lo hace con un instinto y una inteligencia con las que solo la naturaleza puede dotar a una persona. Lo más importante es que no solamente crea, sino que sabe identificarse con lo popular y hace que lo popular forme parte de su propia identidad. Sabemos todos que el Cuchi es no solo uno de los más brillantes compositores musicales, sino que además operó en la música folklórica argentina la innovación más importante y en ese tipo de creación su talento seguirá siendo insuperable".

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De Santiago Sylvester: "Recuerdo haber leído en alguna parte que Albert Camus decía que la tradición es demasiado importante como para dejársela a los tradicionalistas. Esta es una opinión paradojal que esconde sin duda una ironía, pero se planta en el centro del problema que debe afrontar el arte en general y particularmente el folklore, cuando siente la tentación de revisar lo ya dado. (...) El Cuchi conoce y ama más que nadie la tradición de Salta; más aún, está orgulloso de ella. Y decir esto de un hombre eufórico como él, de expresión vocativa y con predisposición a declamar sus preferencias (para no hablar de su carcajada invicta), obliga a añadir que su orgullo por Salta es del tipo gozoso y mundial: orgullo público, explícito, del que se hace gala porque, al serle propio, lo trata sin complejos y, a la vez, con el íntimo respeto del que sabe que está trabajando con su propia vida. De ahí que le interese una tradición que no sea un decorado para fantasmas y muertos, sino el escenario de la vida: en primer lugar de la suya. Esto y una importante cultura musical, le ha dado la movilidad del que otea el horizonte y trae de donde le hace falta los materiales de reflexión (...) Puedo a simple golpe de oído, reconocer en su trabajo algo de la música barroca, algunas disonancias tomadas en préstamo del jazz y, sobre todo, la atención puesta en el juego evolutivo del arte. No quiero convertirme en el historiador local que no soy (...) Intento en cambio mostrar la inventiva del Cuchi, su talento musical y el empuje vital de sus iniciativas: la creatividad desbordante con que llenó de canciones el folklore argentino, orientó nuevos conjuntos, revisó su expresión artística y, para ello, echó mano a los aportes musicales de cualquier lugar, con la única condición que le vinieran bien."

De Miguel Angel Pérez: "(...) aquella experiencia iniciada en 1967, que marcó toda una época por el novedoso estilo del "Dúo Salteño", intentó repetirse en 1982 con el estreno del espectáculo ‘Los duendes del canto’. Mas allá de la originalidad de la obra, la principal intención era marcar el reencuentro con el pueblo, ofreciendo lo mejor de nosotros y el Cuchi era un experto en interpretar la sensibilidad musical de su pueblo. El ha sabido captar ese mundo, pero nadie tan novedoso, tan adelantado y tan lleno de porvenir. Y cuando digo porvenir, tal vez quiero decir eternidad. La música del Cuchi es indudablemente el testimonio del paso de un verdadero genio de la música".

Del diario Clarín de Buenos Aires, al reconocer al Cuchi como el compositor folklórico más destacado del siglo, en su serie sobre "El siglo que se va, el milenio que viene". Dice el artículo: "Pianista y creador de temas folklóricos de antología que supo ser abogado y docente en sus ratos libres. Lo mejor ya lo hizo y quedó para siempre. Y por eso que hace rato que el Cuchi es un mito viviente de la música argentina. Con su compinche, el poeta Manuel J. Castilla, formó una de las duplas autorales más sólidas del país. Renovó la zamba, transformándola en una fluída convergencia de melodías redondas y armonías refinadas. (...) Tan agudo en sus frases como sutil en sus acordes, el Cuchi disparó alguna vez: '‘Los enemigos de la cultura popular quieren destruir nuestra identidad para tratarnos como pueblo de la guía telefónica, porque todas las guías telefónicas son iguales’".