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Raíces del folclore salteño

Bajo las carpas no sólo se comía, se bebía, se hacían negocios con dinero o mediante trueque, se ventilaban pendencias, se contaban cuentos, se intercambiaban chismes y se tejían amores.


La fiesta incluía el baile, y el baile la música y los músicos. Acordeón, violín, guitarra, bombo, flauta y algún arpa eran los principales instrumentos utilizados a principios de siglo. Algunas investigaciones añaden cajas, charangos, quenas y sikuris. 

Fiestas como éstas o las que durante más de un mes celebraban el carnaval, se convirtieron en grandes embalses de diversas corrientes musicales que, procedentes del Perú, Chile y el Alto Perú (hoy Bolivia), ejercieron una influencia directa y visible sobre el folklore salteño.
 

El arriero que llevaba hacia esos sitios mulas engordadas en los valles salteños, retornaba con monedas de plata, artículos traídos de España, modismos, elementos de música y baile y hasta con mujer. Del Perú trajeron la vidala, mientras que la zamba antigua procede del norte chileno.

En los descansos del largo y fatigante sendero, los arrieros podían entibiar el alma y apaciguar las penas recitando y cantando coplas inspiradas o aprendidas en el camino. Cuando ellos llegaban a destino, "luego de haber efectuado con felicidad sus negocios, se dedicaban a visitar las familias amigas, y en cada una de ellas cantaban sus canciones que diferían de los yaravíes, huainos, etc.", anota el investigador peruano Nelson Manrique. Según Carlos Vega, esa zamba antigua floreció en Lima a comienzos del siglo XIX, de allí pasó a Chile y posiblemente al Alto Perú para pasar luego a nuestras provincias andinas. En cuanto a obra musical, la zamba es una obra muy sencilla, "guardando sin embargo una gran riqueza en sus giros melódicos que se repiten creativamente una y otra vez", explica el musicólogo salteño Arturo Botelli.

No es pura coincidencia que en 1872 naciera en Salta el músico Artidorio Cresseri, autor de "La López Pereyra", expresión emblemática de la zamba salteña. Escrita a finales de la década de 1910, su título original fue: "Chilena dedicada al doctor Carlos López Pereyra". No es casualidad pues el padre del músico formaba parte de esos salteños que comerciaban con vastas regiones de esos países. 


Menos si recordamos que, ya a los once años, Artidorio comenzó a viajar acompañando a su padre a esas tierras lo que determinó que el niño se quedara luego residiendo en Tarija. Desde allí comenzó a viajar a Sucre, familiarizándose con la música y los bailes andinos.

Puliendo las primeras lecciones de su madre, a los 16 años Artidorio Cresseri era ya "un experto pianista". En 1880 dio a conocer su "Bailecito de Bolivia", pieza muy "festejada y bailada por los bolivianos", que pronto alcanzó popularidad en Salta y en Jujuy. 

Si a esto se añade el hecho de que, años después, se considerara al gran músico salteño Gustavo "Cuchi" Leguizamón como "discípulo musical" de Cresseri, adquiere nitidez una de las líneas genealógicas más vigorosas del rico folklore salteño. Puede decirse que las expresiones musicales de éste obtienen carta de ciudadanía a partir de 1920, "año clave para la López Pereyra", difundida en el país por el conjunto del maestro santiagueño
 

 

     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
 

 

 

   
  

 

 
 
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